Wednesday, February 3, 2010

Dos lecciones

Maldición. No puedo matar a este blog. Es demasiado importante para mi. Gracias por sus comentarios amables. He cambiado mi decisión. Todavía no haré lo que dije en mi amenaza, aunque mi horario de escribir será más irregular (y quizás notarías el cambio den nombre). No necesito cinco comentarios, solo necesito uno. Esa es la primera cosa que aprendí anoche.

La segunda cosa que aprendí es que me encanta mi vecindario. Te das cuenta de cuanto amas algo cuando esta bajo de ataque. Anoche escuché personas que no han vivido aquí hablar de todas las cosas que están "incorrectos" con este lugar y como deben ser cambiados, sin ver si la gente cuya vida será más afectada está de acuerdo.

Cuando excluyes al público les dices que no son importantes. Que ni siquiera tienes el derecho de ayudar a formar políticas que afectarán a sus hogares, sus familias, los lugares en que viven el baile borracho y agridulce que es esta vida.

Me di cuenta de que cuando hablo de suburbia como si fuera algo completamente sin valor provoco los mismos sentimientos para los que la aman. Para quienes representa la realización de tantos sueños.

Me siento más humilde hoy. Suburbia todavía recibirá mis críticas. Las merece. Pero entiendo ahora por que el acuerdo público, éticamente, tiene que ser un límite al urbanismo o cualquier otra forma de planeación de ciudades.

El hogar es un lugar muy muy precioso, para que vale la pena luchar y estimar, lo que sea sus defectos. No se debe jugatear con el ligeramente.

La planeación tiene que ser un diálogo.

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